Hubo una época en la que los detractores de los videojuegos esgrimían como argumento el progresivo aumento de la violencia. Estamos creando monstruos – decían – niños que perderán el miedo a la sangre, que se acostumbrarán a la violencia y que acabarán causando un disgusto a la sociedad. Por supuesto que los culpables eran los videojuegos, del cine y la literatura ni hablar.

Y es que en el cine y la literatura, decían los entendidos en la materia del desprestigio, el niño no adopta un papel activo, en ningún momento se desdibuja la barrera que separa ficción y realidad. Ahora, tal y como se ha particionado la industria con la llegada de nuevas consolas y la inauguración de nuevos géneros, el mercado se divide en dos (a grandes rasgos, que estamos generalizando). Ahora tenemos juegos radicalmente concebidos para los niños (sin tener que ser software educativo forzosamente) y juegos concebidos para los adultos.

Diferentes lenguajes, diferentes temáticas, diferentes narrativas e incluso diferentes esquemas de interacción. Además si os fijáis, los juegos que tienen como target el mercado infantil son cada día más infantiles. Es más, me atrevería a decir que tratan al niño como a un pequeño ser atontado y esto va, por desgracia, en aumento. Cada vez más estereotipos, cada vez roles más definidos, cada vez consiste en pensar menos y actuar más como los demás… en definitiva, un asco, pero ese no es el tema.

Hoy quiero hablar de los juegos para adultos. Y es que si observamos que los juegos para niños, maldigo a las etiquetas ya que no dejan de ser videojuegos y punto, evolucionan hacia sub productos, no podemos dejar de apuntar que los juegos para adultos son cada vez más violentos.

Y me surge esta reflexión después de haber leído la opinión de los desarrolladores de ‘Army of Two’ sobre la popular escena del aeropuerto en ‘Modern Warfare 2’ y después de contemplar la última y polémica imagen de ‘Aliens vs. Predator’.

¿En serio es necesario llegar a estos extremos? Quiero que miréis la imagen que habita debajo de estas líneas y observéis el detalle, el reflejo de los órganos, la posibilidad de arrancarle a un humano la cabeza con nuestras propias manos y llegar a ver la columna saliendo, la sangre chorreando y su rostro de dolor.